
A mi compañera de vida, quien se encontró el domingo con el absurdo cara a cara. A ella, que es valiente y se adentra en el vacío infinito.
Aunque los caminos son diversos, la meta es única. (Jalal al-Din Rumi)
Tú eres la nube que vela tu propio sol. (Ibn al-Arabi)
Alégrate, mi amada, porque frente a ti se alza el absurdo, pues el absurdo es el primer velo de lo real, que se muestra así al inicio de su danza seductora. Por eso te roba el sueño, porque te seduce con su danza y te insinúa su lasciva desnudez (¡“Haz de mí tu amante! Róbame el sueño!” pedía Rumi).
Poco a poco, si te atreves a mirar sin miedo, la realidad irá quitándose los velos, desvelándose y mostrándose desnuda; desnuda ante ti. El desnudo de la realidad es mucho más terrible, mucho más seductor que la misma realidad en la que vives, y todos sus entresijos. El velo sugiere el desnudo que esconde, y el desnudo que sugiere y esconde el velo, asusta. Por eso se muestra ante ti, porque sabe de tu valentía para ver su desnudez.
Cuando al fin la veas, la belleza de la desnudez de la realidad será tu perdición, tu prisión de amor, jamás volverás a ser tú. Amante de la realidad, te convertirás en tu amada y en tu amante, serás tu propia amante y tu propia amada, pues no se puede amar de verdad sin convertirse en la amada.
Extasiada y sobrepasada por tu propia anulación en lo real, las palabras y las respuestas abandonarán tus labios, solo las preguntas de amor maravilladas habitarán en tu corazón.
Así serás nada, la nada que eres, la consciencia de la nada que siempre fuiste: sin límites ni tiempo, sin poder distinguirte de cuanto existe, de cuanto otro parece existir.
Serás tú, tú el Universo único en el que habitas, pues al ser nada puedes encarnar en cada momento el personaje que, desde la sabiduría del todo que eres, se te asigna. El personaje que te asignas tú misma en cada momento y lugar.
Desde la consciencia de la nada que eres, te darás cuenta de que eres cualquier cosa, que eres cada cosa y la totalidad de ellas, que todos los acontecimientos y cualquier hecho concreto, son indistinguibles de ti.
Entonces percibirás que estás creando el Universo desde siempre, en un acto sempiterno en donde tu acción es tan accesoria y efímera como necesaria; percibirás que lo único importante es lo que eres, la nada creadora.
En ese momento te darás cuenta de que realmente es a mí a quien escribo estas líneas, pues tú y yo no somos dos.
Estás en las puertas de la senda. Te doy la bienvenida.
Abu Fran, abdal.
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